Hay personas que quieren invitarme a comer para que les dé mi opinión porque se ven incapaces de salir en los medios, sobre todo en los periódicos que es lo que les gusta, por eso del ego.

Mi respuesta es siempre la misma: mi mujer no me deja comer fuera de casa porque estoy a régimen y cuando voy de restaurantes no tengo sentido de la medida y me pongo hasta arriba. Solo me deja comer fuera por negocios.

Algunos lo pillan y otros no. Y algunos es que no quiere pillarlo y se hacen los locos, pero conmigo no cuela.

Lo cierto es que son más de cuarenta años de actividad profesional, trabajando, estudiando y tropezando contra muchas paredes, en ocasiones contra una misma pared varias veces. Tengo moretones por todo el cuerpo por culpa de esos golpes.

Moretones que otros no tienen porque mientras yo estudiaba ellos se estaban tomando unas copas con sus amistades. Conste que les alabo el gusto, pero si ahora quieren beber de mi conocimiento no tienen más remedio que pasar por caja.

Algunos me dicen que no me cuesta nada dar una opinión sobre un tema concreto. Yo les respondo que no, que no me cuesta nada. Pero que a ellos sí, que les va a costar…

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Repito, alabo el gusto de los que se han pasado todos los sábados y domingos por la mañana de los últimos veinte años tomando el aperitivo con los amigos o haciendo lo que les apetecía, mientras yo estaba estudiando o escribiendo libros.

Un servidor estaba adquiriendo experiencia y conocimientos, y cometiendo errores, muchos errores que ahora me permiten hablar con cierta o tremenda autoridad.

Todo este esfuerzo de lustros me permite decir ahora que en mi especialidad hay muy poca gente que tenga suficiente autoridad como para decirme que no tengo razón y demostrarlo. Porque decirlo puede decirlo cualquiera, pero demostrarlo es otro cantar.

Recuerdo con especial cariño a mi profesor de inglés, Antonio Hernández, que me daba clases particulares los sábados y los domingos. Hablaba varios idiomas a base de esfuerzo.

Tenía mucho conocimiento acumulado y un día me dijo algo que nunca he olvidado y que siempre he tenido como una de mis principales reglas de oro:

“Juanma, yo tengo todos mis conocimientos metidos en un botijo y de mi botijo solo beben las personas que yo quiero que beban, como yo quiero que beban, cuando yo quiero que beban y donde yo quiero que beban. Porque ese conocimiento es mío, solo mío y de nadie más que mío. Y soy yo quien se ha sacrificado para adquirirlo”.


Llegados a este punto, si estás leyendo esto es porque, probablemente, me conoces, aunque sea de lejos. 

Así que no te recordaré que se me considera uno de los principales especialistas de este país en lograr visibilidad en los medios de comunicación tradiciones y digitales a coste cero (he dicho que se me considera, en ningún momento me he puesto yo esa medalla).


No te voy a repetir eso de que me han hecho más de mil entrevistas de radio en dos años de una en una. Si no te lo crees no pasa nada, pero, en ese caso, mejor deja de leer y tomate algo con los amigos. Si no crees en mí no te interesa lo que estoy contando y los dos estamos perdiendo el tiempo. Mi actividad se basa en la confianza mutua. Repito, mutua.

Tampoco que soy el comunicador más premiado en el ámbito empresa de toda la historia de España, porque es posible, aunque no probable, que haya otro y no quiero columpiarme.

Ni que tengo escritos diez libros, aunque es cierto que en solitario solo uno, porque me gusta hacerlo en compañía. Y más de la mitad de ellos los he publicado con mis hijos.

Bueno, vamos al negocio

Si quieres comer con Juanma Romero para ver cómo podemos mejorar la comunicación de tu empresa y que te hagan caso los periodistas, que de eso se trata, te va a costar solo 2.000 euros más impuestos.

Te facturaremos y pagarás antes de la comida, que luego algunos se hacen los remolones.

La comida corre a tu cargo y si es fuera de Madrid te ocupas del transporte y alojamiento. No me gustan los sitios caros, solo quiero que no sea ruidoso y que podamos hablar con tranquilidad.

Si me entero que la comida cuesta más de treinta euros por persona, me voy a cabrear. Nada de cosas pijas. Si es de menú, perfecto. Y nada de alcohol durante la comida. Estamos trabajando.

Si te parece mucho, no me llames. Seguro que encuentras a otros que te lo hacen por cincuenta o cien euros, busca en Google que hay otros. Si te funciona te habrás ahorrado un pastón.

Cuando no te funcione me llamas, me dices que has probado con otros y ha sido un fracaso. Nos echamos unas risas comentando tu experiencia, que hay que reírse de todo en esta vida, y te sigo cobrando lo mismo. No, no te voy a descontar los cincuenta o los cien euros que le has pagado a la otra persona, eso puedes considerarlo como una lección de vida bastante barata.

Mucha tranquilidad porque no te voy a cobrar más por haber probado antes con mi competencia, ni me voy a enfadar. Todos tenemos que comer, aunque a mí no me gusten los restaurantes pijos.

Si te parece correcto el precio y quieres que te ayudemos a salir en los medios y a lograr esa visibilidad a coste cero, puedes contactarnos y alguien del equipo o yo mismo nos pondremos en contacto contigo.

Necesitaremos información previa de tu empresa para no ir a ciegas a esa comida.

No se trata tanto de comer con Juanma Romero como de que Juanma Romero te pueda aportar ideas, si no es así no merece la pena.

Si después de la comida veo que no te he aportado nada de valor, te devuelvo el dinero, pero eso lo decido yo, que hay mucho listo suelto.

Quiero que te resulte rentable.

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