Yo sí voy al psiquiatra

Los últimos dos años han sido muy duros para casi todos. Hemos necesitado ayuda y no siempre nos dábamos cuenta, o no queríamos reconocer que debíamos pedirla.

Te cuento mi historia y cómo decidí ir al psiquiatra cuando fui consciente de que lo necesitaba... y lo importante que ha sido en los malos momentos.

Muchos no hemos ido antes al psiquiatra porque "somos muy duros, eso no es para mí...". Pero lo cierto es que somos tan blandos como el común de los mortales, y una mano amiga siempre viene bien.

En esta conferencia animo a los asistentes a pedir ayuda cuando la necesiten, me da igual que sea un psiquiatra, un psicólogo, un sacerdote o cualquier otra persona en la que podamos confiar. Lo principal es pedir ayuda, aunque si es a un profesional de la medicina, mucho mejor. Luego ya iremos canalizando nuestra forma de actuar cuando empecemos a percibir los beneficios de esa ayuda.

Me he dado cuenta de que debería haber pedido ayuda hace años, por muchas razones. Pero siempre tuve claro que yo no iba a ir a lo que entonces consideraba como un "loquero". Pero estaba equivocado, porque no son loqueros como se dice vulgar y despectivamente, son profesionales de la medicina que te ayudan a salir adelante porque saben lo que hay que hacer. Algo que yo no sabía, no tenía la más remota idea. Y tenemos que pedir esa ayuda, te diré cómo y porqué.

Esta conferencia es importante para el ámbito médico porque se ofrece la perspectiva de un paciente y no solo de un profesional. Para ello hemos consultado con profesionales de la psiquiatría y la psicología para poder hacer contenidos interesantes que te lleguen al corazón, y esperamos haberlo conseguido. Porque de eso se trata, de llegarte al corazón y ser capaces de hacer que te des cuenta, por tu parte y desde tu reflexión personal, de que en caso de que necesites ayuda debes pedirla. Te va mucho en ello y te diré por qué.

También es interesante en el ámbito empresarial, porque a cualquier empresa le interesa tener trabajadores mentalmente sanos, que no vayan a colapsar de la noche a la mañana. No estamos locos por pedir ayudar, solo lo estamos pasando mal y no vemos una salida. Pero sí podríamos llegar a estar locos si necesitamos esa ayuda y no la pedimos. Hay gente que al escucharme piensa "Juanma Romero, el de la tele, el de Emprende, fíjate si estará loco que va al psiquiatra".

Eso me ocurrió a mí, cuando de repente me hundí y mi esposa tuvo que tomar cartas en el asunto. Me llevó a mi casa para cuidarme y con mi madre se quedaron mi tía Bibi y dos de mis hijos, Juanma y Jesús, con tan mala suerte que... (bueno, eso te lo cuento en la conferencia).

En los dos últimos años me he convertido en cuidador, primero de mis dos padres y luego de mi madre, cuando falleció mi padre, hasta julio de 2021 que falleció mi madre. Ya en abril de 2020 tuve que dejar solos en mi casa a mi mujer y mis hijos y me fui a vivir con mi madre de forma definitiva, para cuidar de ella. Y eso, créeme, fue muy duro porque solo veía a mi mujer y mis hijos una vez a la semana. Y todo ello me fue derrumbando... Pero la lejanía no hundió mi matrimonio, ni mucho menos, lo fortaleció (también te contaré cómo y por qué).

Además, como buen emprendedor, aproveché el tiempo para desarrollar algunas iniciativas como mentorías vía Zoom para enseñar a los profesionales a lograr visibilidad en los medios y, también, para ayudar a los emprendedores a emprender con ciertas garantías de éxito. Encontré un nuevo modelo de negocio muy rentable, que te explicaré en mi conferencia.

Y todo a pesar de que cualquiera que haya sido cuidador de un enfermo, como es mi caso, sabe lo duro, absorbente y estresante que es este trabajo. Siempre se ha dicho, y es la pura verdad, que sufre más el cuidador que el cuidado. Y, además, en ese tiempo, me hice un magnífico amo de casa y aprendí a hacer casi de todo, ya te diré qué y cómo.

En esta conferencia te cuento cómo afronté mi cáncer, el deterioro y la muerte de mis padres, cómo busqué nuevas vías de negocio mientras estaba en casa de mi madre, cómo teletrabajé, porque yo tenía que seguir entregando un programa de televisión todas las semanas, cómo hicimos sentir felizmente querida a mi madre, cómo me sentí yo por tener el privilegio de poder cuidar de ella, cómo afecta esta situación al enfermo y a la familia, y algunas anécdotas graciosas, que de todo hay. Y cómo gestioné la comunicación el día que falleció mi padre, cuando hice la peor y la mejor comunicación de mi vida en un plazo de tres horas.

Todo esto me fue minando, hasta que pedí ayuda.

A mí me ha ayudado mucho Eva, mi psiquiatra. Y a ti, ¿quién te ayuda?

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